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jueves, 5 de agosto de 2010

Un sueño

Estábamos en el patio de Posadas con Ale. Mi lavanda estaba estropeada, muriéndose y ella me alcanzaba un plato, primero playo luego hondo, para trasplantarla. Yo no quería un plato, sino una maceta, pero no había. De fondo, se oía la voz de mi mamá diciendo algo similar a modo de consejo. Pero sólo había un plato hondo y un poco de tierra. Ale me decía al menos para salvarla por el momento. Entonces, la ponía en el plato junto a unos yuyos similares a un helecho y se caían, hasta que quedó más o menos firme y la colocamos en una esquina junto a una pequeña maceta en forma de madreña o, quizás, debería llamarla macetero. El sueño finalizaba así y la sensación fue de paz.

Lejos está de mí hacer un análisis real del sueño, pero suelo detenerme a pensarlos sobre todo cuando no cuentan historias. Para comenzar, debo decir que pocas veces sueño con el patio de Posadas en forma placentera y con nosotros adultos. Creo que las personas también aprendemos a soñar de nuestros padres y mi mamá suele tener pesadillas con esa casa y con nosotros chicos. Esta vez, no soñé con mis padres ni con nosotros niños.

Ese patio es lo más parecido a un Edén para mí. El jardín de la felicidad que nos fue arrebatado y al que queremos volver, aunque no sea en forma física. Por eso, imagino que las plantas de mi mamá estaban tan presentes en este sueño.

Por otra parte, Ale fue la que me enseñaba canciones como la de los patitos, recuerdo una vez en que me la cantaba en el patio. Fue, también, quien me enseñó a atarme los cordones y a sumar y restar y siempre en ese patio. Por eso, supongo que era ella quien me enseñaba a su modo cómo salvar a la planta, aunque mi mamá opinara lo contrario.

Tengo que decir que algunas cosas las analizo según las palabras que me vinieron en el momento de pensar ese sueño. Digamos que no sé si realmente las plantas al lado de mi lavanda era un helecho o si esa fue la palabra que me salió, pero imagino que importa más lo que dice mi descripción que lo que realmente vi. Empiezo analizando mi planta, mi lavanda. Elegí esa planta como la primera a poner en mi balcón, un símil de lo que siempre negué en mi mamá, el cuidado de plantas y que, ahora, siempre me dice que tomé de ella. Es cierto, recreo ese pequeño jardín, como dije antes, es el lugar al que uno siempre quiere volver. Cuando elegí esa planta, lo hice por dos motivos, primero, porque dicen que trae suerte y, segundo, porque era el aroma que siempre había en la casa de la mujer de mi abuelo (o sea, en la casa de mi abuelo, pero el me ne frega). Y se llama Ariana, es decir, como yo pero sin M. El helecho o, al menos, eso es lo que describí al contarme el sueño, era la planta que abundaba en ese patio de infancia porque mi mamá es de la tierra del "felencho" (Asturias), a lo mejor, ella también se llevó un poco de su Paraíso a ese patio. Es decir que junté pasado y presente, el patio de mi madre y el mío, haciendo una nueva combinación, la mía. Soy mi pasado y soy mi presente. Elijo su planta, elijo la mía y la transplantamos como podemos, aunque ella diga otra cosa.

Una vez hecho esto, la llevamos a una esquina a colocarla entre todas las plantas que había al lado de una maceta o, como me lo describí, un macetero en forma de madreña. Y otra vez mi españolidad en esa madreña, mi mamá siempre ahí. Y lo del macetero lo rescato porque, cuando me dije esa palabra, automáticamente se me vino a la cabeza la canción de Antonio Molina "El macetero". España una vez más, la música que escuchábamos andando por Asturias y Galicia.

No sé muy bien qué puede significar en conjunto más que yo soy eso, el antes y el ahora.

jueves, 13 de mayo de 2010

Si pudiera

realizar un viaje en el tiempo, iría hasta Posadas al departamento de la Yaya y del abuelo y nos reuniría a ella, a vos y a mí para jugar a Grandes Valores del tango. Pagaría por verla jugar una vez más con nosotros, con el pañuelo al cuello cantando "El pañuelito blanco".

miércoles, 12 de mayo de 2010

Un viaje a nuestra infancia

El pensamiento es lo que nos hace libres. Tengo la costumbre de viajar y vivir o revivir cosas, momentos o tiempos que amo. Vos sos una persona super memoriosa que recuerda, además de olores, sensaciones táctiles. Por eso, te invito a este viaje.

Cierro los ojos y llego a mi infancia, o sea, a nuestra casa en Colón 2426 ex 612 en Posadas. Entro con mi cuerpo de adulto como si fuera un fantasma entre nuestros fantasmas del pasado, pero ellos son los reales. Me acerco al living y hay tres niños mirando la tele y se escucha una máquina de coser. A medida que avanzo, veo a la izquierda una puerta amarilla que permite el ingreso de un sol radiante desde el patio y, por la derecha, una ventana abierta de par en par para ver si ocurre el milagro de que corra una gota de aire.

Observo el mueble de la tele y hay objetos como una bailarina de flamenco y un toro con las lanzas clavadas. Abro los cajones y en uno de ellos encuentro casettes y en otro cosas del colegio. Paso un dedo por la superficie y remuevo el polvo de Misiones que se junta, aunque se limpie a menudo. Veo la firma de nuestro hermano, que talló su apodo en la madera. Alzo la vista, y Xuxa baila y canta en portugués. Sigo el rumor de la máquina y doy la vuelta para observar a mami cosiendo con su máquina.

Doy la vuelta y decido entrar en nuestra habitación. Uh! Había olvidado que una de las baldosas estaba floja y que hacía ruido.

Al fin y al cabo, todos terminamos siendo un poco eso que fuimos. Dany, el observador de cucarachas, terminó siendo químico. Leo, el que miraba las estrellas y estudiaba y convencía hasta el más desprevenido y que nos obligaba a estudiar el alfabeto griego, docente y político, el mismo que dibujó la mesita de luz con birome y mami quiso matar y que terminó pintando cuadros. Ale, la de la valijita Juliana doctora y la que me subía a la mesa ratona para hacer emergencias en las propagandas de La familia Ingalls, médica. Yo, la que nunca supe cómo decir las cosas por mi timidez excesiva y que escribía cartas por todo, hoy, se encuentra escribiéndote una vez más porque las palabras me pueblan y me exceden. Recuerdo que cuando me fui de Posadas escribí cartas a mis compañeritas y vos me criticaste por haber copiado la misma para todas. Fui mi primera plagiadora y, a la vez que me copiaba, siempre escribía una carta distinta.

Bueno, me voy saliendo de este paseo porque el calor me está matando y los mosquitos empiezan a picarme. Fue un gusto haber viajado hasta ahí y vernos a los tres en los sillones y andar un poco en patas por casa, aunque ma se queje de que voy a ensuciar la bañadera.

Nos estamos viendo pronto.

martes, 11 de mayo de 2010

Mis dos regalitos de la feria de este año son el libro firmado por Almudena y la foto del Gregorio suma.

sábado, 1 de mayo de 2010

Primero de mayo

Hoy, me acordaba de cuando jugábamos a que íbamos al cine y nos sentábamos en los bancos que estaban afuera de San Carlos y mirábamos cómo má hacía cajas y la peli se llamaba Los trabajadores. Digamos que siempre veíamos lo mismo, podríamos hacer una de esas pelis argentinas para gente culta en la que nunca pasa nada y pasa solo la vida (¿eso será neorrealismo?), protagonizada por Daniel Hendler, claro está, y tal vez por Romina Ricci.

domingo, 4 de abril de 2010

El otro día, el jueves creo que fue, me puse a limpiar y puse Xuxa 6 de fondo para escuchar. Es uno de los CDs que me compré la última vez que fui a Brasil. Supongo que sabrás que hago eso con esta edad porque, desde bien chica, deseo tener la colección completa de ella porque es algo, y creo que lo único, que me devuelve a mi infancia totalmente.

En ese disco, está "Bom dia", supongo que te acordarás. Hay canciones de ella que nunca se tradujeron al español que me quedaron marcadas, aunque no supiera la letra. Fue escuchar eso y transportarme. De pronto, estábamos Leo, vos y yo sentados en los sillones de cuerina viendo la tele y el sol entraba por la ventana que estaba al lado del mueble de la tele, por la derecha, y por la puerta del patio, por la izquierda. Supongo que era de mañana temprano, que hacía calor, como siempre, y que algún que otro bichito se colaba por casa. Imagino que detrás del mueble má estaba trabajando con su máquina de coser, pá trabajando abajo en el negocio y ¿Dany?, a lo mejor, en el Itapúa jugando al tenis, ¿no?

Los años pasaron, las cosas cambiaron, pero se puede viajar con la mente cuando uno quiere volver a tener en sus manos un poco de aquello. Recuerdo que, una vez, me preguntaste si recordaba la rugosidad en los roperos amarillos de Posadas y pude recordarlo, me devolviste esa sensación. Quizás, es que junto seamos una memoria que por nosotros solos no podamos tener.